Cuaderno americano (VI)

Después de un mes de fútbol tenemos en ciernes la final soñada. Soñada por mí lo era si España estaba en ella, independientemente del rival. Siendo una tricampeona como Argentina, mejor.
La selección y muchos de sus jugadores han ido de menos a más. Los partidos frente a Austria y Bélgica se resolvieron in extremis y se ganó merecidamente, pero el de Francia fue un claro ejemplo de equipo que sabe presionar, que no pierde un balón, que roba en medio campo y despliega un juego hermoso y sin fisuras. Y eso que enfrente teníamos a la -hasta entonces- mejor selección del mundo y la gran favorita. Pero estos chicos que, como dijo su entrenador, convierten lo difícil en sencillo, lograron imponerse. También a las estupideces escritas por un expresidente del gobierno en un medio digital residual, que hicieron saltar la polémica y pretendían resucitar la Guerra de la Independencia. Nunca me hizo gracia ese hombre, aunque no son pocos los que aseguran que tiene un gran sentido del humor. Debe ser en sálvese la parte. Tampoco pude nunca reponerme del hecho de tener en la Presidencia del Gobierno a un Registrador de la Propiedad.
Tenemos enfrente a Argentina, que yo creo que ha hecho un campeonato discreto. Ha tenido durante toda la Copa una alfombra roja en los cruces, pero lo ha pasado mal en al menos la mitad de los partidos que ha disputado, con rivales discretos como Egipto o Cabo Verde que la pusieron contra las cuerdas. Tiene a un cuarentón Messi que sigue recordando al de dos décadas atrás, y sobre todo tiene cancheros, aunque talento y juego bonito brillan por su ausencia. Con decir que la base de esta selección es el Atlético de Madrid -hasta seis jugadores, y otros muchos que se pirrarían por jugar en ese equipo-, ya está dicho todo.
Que empiece la guerra. Y que los nuestros no salgan demasiado lastimados.