Carlos del Pozo

La vida en una página

Cuaderno americano (y VII)

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Vicente del Bosque dijo la víspera de la Final: Argentina es, si se me permite, un rival muy puñetero. El sabio salmantino siempre tan correcto y educado. Por algo el hoy Rey Emérito le concedió en su día el título de Marqués. Aunque la verdad es que se quedó corto.
Argentina demostró que, hoy por hoy, no tiene un gramo de fútbol. Confía todo a Messi y, en menor medida, a su portero, pero con eso te puede alcanzar para ganar algunos partidos, aunque no todo un campeonato. Algunos optimistas aseguran que no dieron tanta leña como de ellos se esperaba. Menos mal. Son los reyes de la tangana y la algarada, y encima se les ha permitido una dureza superlativa durante todo el campeonato. Viendo las decisiones del árbitro esloveno de esa Final me sigue pareciendo mentira que ganáramos el partido.
España, salvo el día de Cabo Verde -una cosa muy extraña, porque uno en ese partido no reconoce al equipo que había sido antes y luego fue-, ha ido asentando su juego para desconsuelo de sus rivales. Ha sufrido rivales sucios como Uruguay, dominado partidos contra Austria y Arabia, teniendo suerte cuando tocaba -con Bélgica y Portugal, evitando innecesarias prórrogas-, y jugado dos partidos memorables, el de Francia y la Final. En esa misma entrevista, Del Bosque sostenía que en el Mundial se ha jugado a lo que ha querido España. Martín Caparrós, enorme escritor argentino, asegura que España es el campeón y sería un gran campeón si supiera cómo meter goles, pero en su defecto consiguió que esto no fuera indispensable. Ciertamente, hemos ganado dos mundiales no teniendo demasiado gol, pero jugando como los ángeles.
Ya en la Eurocopa de hace dos años, la selección jubiló al gran Toni Kroos; el excepcional centrocampista del Real Madrid ya no volvió a jugar al fútbol. Ahora, los chicos de De la Fuente, han jubilado de golpe a Cristiano Ronaldo, Deschamps y Messi. No es nuestra selección una buena solución para la maltrecha hucha de las pensiones.
El presidente argentino, ese señor de patillas de domador de circo, siempre armado de malos modales que defiende con una motosierra, ha decidido conceder a sus súbditos fiesta nacional por el gran triunfo de su selección en el Mundial. No quiero ni pensar si llegan a ganarlo y hasta jugando bien.
Hablé con mi hijo Víctor al acabar el partido. Estaba en un recóndito lugar de los Andes peruanos donde a duras penas pudo ver el gran partido. Se le notaba feliz y exhausto, como yo. Algo más fresco que yo; aquí pasábamos de la medianoche, y él en cambio estaba en la sobremesa de una copiosa comida peruana en la que le invitaron al postre por el triunfo de La Roja. Charlamos un buen rato, y al final de nuestra conversación me dijo: No te engañes, papá, no ha ganado España. Ha ganado el fútbol.
Pues eso.

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