Carlos del Pozo

La vida en una página

Libros vivos o no tan vivos

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Coincidiendo con el reciente 23 de abril, día del libro y Sant Jordi, CEGAL, una agrupación española de librerías, lanzaba un dato preocupante: cerca de la mitad de los libros que se editan en España cada año -al parecer unos sesenta mil, en sus diferentes formatos y temáticas- no venden en librerías ni un solo ejemplar. El dato ha sido matizado por sucesivas informaciones; CEGAL recoge el dato gracias a una herramienta que escruta las ventas de 1.100 librerías, que no son todas las que hay en nuestro país, ya que la cifra total se eleva a 2.754. Tampoco se recoge en el estudio los ejemplares que se venden en librerías de lance o de segunda mano, ni una buena parte de los títulos de auto publicación.
Lo que sí son ciertas son las cifras que arroja el último Barómetro de Hábitos de Lectura, que proclama que la población que lee libros en su tiempo libre -fuera de cualquier obligación profesional o académica- ha ascendido hasta el 66% en nuestro país. Desde la pandemia, el sector del libro ha visto aumentadas sus ventas, y yo, que cada día tomo el tren y el metro, lo llevo notando de un tiempo a esta parte. Hasta hace pocos años éramos un servidor y otro par de indocumentados los que leíamos un libro en soporte papel en el transporte público. La mayoría se pasaba el viaje con su móvil -de estos sigue habiendo muchos, la verdad-, y había también un número considerable de personas que consumían el libro electrónico. No soy enemigo de este formato, pero no me gusta porque son artilugios fríos que no despiden el aroma del papel tintado, no se pueden dedicar -algo que a los escritores nos gusta sobremanera-, y, además, en un tanto por ciento muy elevado son productos pirateados.
Ahora, en los medios de transporte, es muy habitual ver a sus usuarios leyendo un libro de los de toda la vida. Me ha ocurrido que, en ocasiones, en un departamento del tren de cuatro asientos, los cuatro estábamos leyendo un libro, de diferente temática y contenido, pero un libro. A mí hace años me daba una cierta vergüenza sacar mi libro de la cartera y me parecía un acto profundamente pecaminoso. Ahora eso ya no pasa. Incluso he leído algún reportaje en donde se aseguraba que sacar un libro en público es un artificio para ligar entre los más jóvenes.
Y volviendo al principio de esta crónica, es posible que en España se publiquen demasiados títulos, y es cierto que muchos de ellos -ignoro el porcentaje exacto- no vendan ningún ejemplar. También es cierto que, salvo excepciones de superventas y autores famosos, la vida del libro en las librerías es muy corta, por no decir efímera. De eso puedo dar fe porque lo he vivido en propia carne. Y es una pena porque ni el sector, ni los libreros, ni el público en general conocen a fondo el esfuerzo que supone escribir un libro, las ilusiones que generan en quienes cultivamos la escritura ni la decepción que supone comprobar que la energía que pusimos en su día al concebirlo la han llegado a disfrutar tan solo un reducido número de lectores.