Carlos del Pozo

Dignidad europea

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Se leyó uno con atención los programas que las diferentes formaciones políticas presentaban de cara a las recientemente celebradas elecciones al Parlamento Europeo. Y por más que busqué en la letra pequeña de todos ellos no encontré a nadie que prometiera la supresión de por vida del Festival de Eurovisión.
No es la primera vez que ese evento degradado y absolutamente infumable acude a este blog. Creo que hace unos años escribí algo a cuenta del mismo cuando España, por vez primera en su historia, presentaba una canción en inglés y su intérprete -de la que por fortuna nunca más se supo- presumía de ello como si se avergonzara de su lengua materna. Ya entonces creo que comenté que desde hace tiempo Eurovisión, como los tomates, el pan o el amor, ya no es lo que era. Pero creo que lo de este año ha colmado el vaso de mi paciencia.
No es de recibo que en el continente más pequeño del universo participen cuarenta y un países, porque en la vieja Europa no hay tanto país pese a la caída del Muro de Berlín y la desmembración de las repúblicas balcánicas. Que participen naciones como Israel o Australia -en ocasiones lo hicieron asimismo Turquía o Marruecos- no tiene ningún sentido. Mucho menos lo tienen las explicaciones blandidas para que participe Australia, que no son otras que la gran popularidad del festival en aquellas tierras. Y ya no digamos Israel, que lleva participando tres décadas y hasta ha ganado el concurso varias veces.
La última edición nos regaló además dos desatinos sin parangón. El primero fue que ahora todos los votos de cada país salvo los doce adjudicados al ganador se conocen por pantalla en cuanto ese país empieza a votar, hurtándonos el misterio y la emoción de saber escalonadamente, de menor a mayor, a qué país va dirigido el resto de los votos. El segundo fue la actuación de Madonna, cuya puesta en escena ha sido cifrada en un millón de dólares. Tuerta y como si tuviera artrosis, la reina del pop nos regaló un nutrido repertorio de gallos y desafines que propendieron más a la risa que a la admiración. También Madonna ya no es lo que era.

Aún estamos a tiempo. Aunque ninguna formación política lo prometiera en sus programas, cualquier grupo puede presentar en el Parlamento Europeo una proposición para derogar Eurovisión, y a poder ser que lo celebren en Australia los australianos para goce de todos los canguros de Oceanía.