Carlos del Pozo

La vida en una página

Rumbero, gitano y catalán

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Existe una poco discutida certeza, bastante extendida por lo demás, que sitúa a los gitanos –y más si éstos dedican sus diarios afanes al complicado mundo del arte y la farándula- como originarios de Andalucía y exclusivos creadores o ejecutores de ese milagro llamado flamenco. La confusión tal vez estriba en el hecho de que el sonido del caló, un idioma-dialecto de difícil catalogación, tiene indudables raíces sureñas. Pero ignora la mayoría que en Cataluña hay desde hace decenas de años una importante comunidad gitana que, además, ha contribuido con creces a la creación de una cultura con indudable personalidad propia.

Hace ahora veinticinco años, la Unión Gitana del barrio barcelonés de Gràcia inició los preparativos de un gran homenaje a uno de sus más ilustres hijos, Antonio González, más conocido como El pescaílla, del que este año se celebra el centenario de su nacimiento. El excelente músico y guitarrista no pudo disfrutar en vida de ese homenaje, al encontrar el final de sus días tres años antes, pero su recuerdo ha servido para impulsar un merecido tributo que en los últimos años se ha traducido en exposiciones fotográficas y homenajes musicales. Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es: Aparte de marido de Lola Flores, ¿quién fue el Pescaílla?

González, cuyo piscícola apelativo es herencia de su padre, aunque éste era llamado el Sardineta, también excelente guitarrista y que compaginaba su arte con la venta de pescado en el barrio de la Barceloneta, nació en Mataró, localidad costera cercana a Barcelona, pero siempre se le recordará por sus primeros años de juventud y madurez en la calle de la Fraternidad del barrio de Gràcia, donde desde principio de este siglo luce una placa con su nombre recordando la casa en la que tantos años moró tan celebrado músico. Porque, entre otras cosas, Antonio González Batista, que así se llamaba, es el inventor de la llamada rumba catalana, un amalgamado mestizaje de ritmos que fundía con acierto el fandanguillo andaluz y el son cubano, y que a principios de los cincuenta hace fortuna en el seno de la creativa población gitana, en algunos barrios de Barcelona y en poblaciones cercanas como Terrassa, Sabadell y, sobre todo, Mataró. La fórmula, con sus matices y variaciones posteriores, parte de él y de su inmenso talento creativo, y luego es desarrollada con éxito por Gato Pérez, los Amaya, los Manolos y, sobre todo, Peret, excelente rumbero a quien de modo inexacto -pese a que fue quien la popularizó-se le ha atribuido la paternidad del hallazgo, que en verdad corresponde a González. Quizá al Pescaílla, en el momento más creativo de su carrera, le perjudicó su matrimonio artístico con Lola de España, a la que encumbró y empujó pese al congénito genio de ésta, y todo eso le hizo perder cierta comba en el campo interpretativo y, sobre todo, en el de la creación. El recuerdo del centenario de su nacimiento tal vez venga a restañar en lo posible el discreto olvido que su figura artística, de modo absolutamente injusto, gozó incluso en vida.