Carlos del Pozo

Una flor que no se marchita

Juan-de-Pablos

Aquí a menudo se habla de tránsitos, de gentes con las que hemos disfrutado y luego nos han dejado. No quisiera hoy que esta modesta crónica se añada a esas otras de igual calado. Quiero hablar de alguien que, habiéndose ido, no nos ha abandonado, a quien recordaremos muchos años, al que la vida aún no ha conseguido enterrar y espero que no lo haga por mucho tiempo. Él mismo ha definido su relación con los micrófonos y la radio como una historia de amor correspondido. Hablamos de Juan de Pablos, que a finales del pasado mes de febrero, a sus setenta y un años, se jubilaba.
De Pablos es un profesional con una trayectoria más que dilatada. Radio Popular, Radio España, Radio El País y, sobre todo, Radio 3 de Radio Nacional de España, contemplan un periplo de cerca de medio siglo pinchando discos y comentándolos a los oyentes. De Pablos es, por eso, una rara avis: un animal de la radio que apenas flirteó con otros medios de comunicación como el periodismo escrito o la televisión. Los pecados más destacables que se le conocen son algunas apariciones esporádicas -eso que ahora se llama
cameos- en películas de amigos como Fernando Trueba o Luis García Berlanga.
Sin ninguna duda lo mejor de toda su incansable labor es un programa que estrenó en 1986 en Radio 3 llamado
Flor de Pasión. Sin haber escuchado este programa es muy difícil transmitir las emociones que el oyente recibía cuando cada noche Juan sacaba de su chistera -una excepcional y magnífica discoteca- todos aquellos discos comprados en el Rastro, en las tiendas de la calle Gaztambide o la zona de Aurrerá y en discos La Metralleta. Uno hasta entonces no había escuchado jamás a Los Surf, ese grupo de Madagascar que popularizó en España el celebrado Tú serás mi baby, pero tampoco a France Gall, ni a Françoise Hardy, o a Los Cuatro de la Torre, ese cuarteto de controladores aéreos del aeropuerto mallorquín de Son Sant Joan que cantaban aquello de Estoy en el aeropuerto / esperando la salida de mi avión / que me llevará / a Malloooorca. Aunque quizá lo mejor de todo estaba en el principio y en el final, con la sintonía que recibía y despedía al respetable, el Attends ou va ten percutido por la legendaria orquesta de Paul Mauriat, una melodía instrumental que luego cantaría France Gall y que, al menos a mí, cada vez que la escucho me pone muy contento. De Pablos comentó una vez que ese disco lo escuchó por vez primera una ocasión que se lo trajeron a su estudio de radio unas admiradoras, y que tardó varios años en encontrarlo en el Rastro. Tarde o temprano, como se sabe, todo se acaba encontrando en el Rastro.
Flor de Pasión fue durante mucho tiempo el refugio de las soledades de uno. Yo grababa ese programa los últimos años de carrera y los duros años de oposición, y escucharlo a cualquier hora del día en mi viejo radiocasete era un bálsamo que me reconciliaba con la vida después de tanta doctrina y tanto código. Escuchar las canciones que cada noche pinchaba Juan de Pablos me devolvía el goce de los placeres más ínfimos, me recordaba que uno era persona y que podía sentir emociones que por el contrario no encontraba en los sesudos repertorios jurisprudenciales que ocupaban el horizonte de mis días. Ya sólo por eso, gracias, Juan.