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Queremos tanto a Gloria

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Gloria Fuertes nació en Madrid / a los dos días de edad, / pues fue muy laborioso el parto de mi madre / que si se descuida muere por vivirme. Así empiezan los primeros versos de un poema que encabeza el volumen Obras incompletas, en edición revisada por la autora, y que constituye la autobiografía poética más importante de esta escritora de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento. Y es también una excelente muestra de su poesía adulta: irónica, popular y con un extraordinario sentido del humor.
Gloria Fuertes nació un día de finales de julio de 1917 en el castizo barrio de Lavapiés. De familia muy humilde, desde los catorce años, para ayudar en casa, trabaja para unos señores copiando direcciones en unos sobres; le pagan un céntimo por sobre. Un céntimo de peseta, se entiende. Estudia Mecanografía y Taquigrafía, pero se las apaña como puede con la oposición de su familia para matricularse en Gramática y Literatura en un Instituto de Educación Profesional de la calle Pinar. Con apenas quince años compone su primer poema, titulado
Niñez, Juventud, Vejez…, en el que ya aparece la preocupación por el paso del tiempo, latente en toda su obra, y a los diecisiete escribe su primer libro de poemas, Isla ignorada, que sin embargo no publicará hasta dieciséis años después, en 1950.
Acabada la guerra y hasta 1953 realiza sus primeras colaboraciones en prensa periódica. Será en la revista infantil
Maravillas, de cadencia semanal, y en la que publica relatos cortos y poemas dirigidos al público infantil. En ese tiempo también estrena obras de teatro infantil y protagoniza pequeñas piezas de poesía escenificada para los más pequeños. El destino de buena parte de su obra hacia este tipo de público es algo que no la abandonará hasta su muerte; también fomenta la falsa creencia por parte de mucha gente de que Gloria Fuertes es una autora exclusivamente de literatura infantil. Después vendrán más libros, de poesía y narrativa, numerosos premios, algunos cursos impartiendo clases de literatura en universidades americanas y un reconocimiento unánime como genuina representante de la generación-puente entre dos grupos poéticos muy significativos, el del 36 y el del 50.
Sin embargo, su enorme popularidad durante sus últimos años de vida le viene de sus apariciones televisivas a mediados de los años setenta. Programas emblemáticos como
Un globo, dos globos, tres globos o La cometa blanca la consagran definitivamente como la poeta de los niños. Su peculiar forma de vestir, con esas corbatas descuidadas y esas blusas de colores chillones, junto con su inconfundible y aguardentoso tono de voz la convierten en un personaje irrepetible. Imitaciones muy acertadas, como las de Martes y Trece, la hacen aún más popular. Y quizás no sea reconocida por lo que hacía bien, que era la poesía para adultos.
No es que los poemas y cuentos infantiles estuviesen mal; tenían su gracia y su público, y denotaban que estábamos ante una perspicaz observadora de nuestro entorno, dominadora de la métrica y del lenguaje popular. Pero libros como
Poemas del suburbio, Poeta de Guardia o Sola en la sala contienen un puñado de versos hermosísimos y de gran hondura que no debieran ignorar los buenos amantes de la literatura. No sé qué se reeditará durante este centenario de su nacimiento, pero el par de novedades que he visto por los anaqueles de las librerías son de literatura infantil, explotando convenientemente en sus portadas la imagen anticonvencional y nada particular de su autora. Aún hay tiempo para rectificar.
Gloria Fuertes murió en Madrid en 1998. Sus restos, tras ocupar unos años una sepultura del cementerio de Carabanchel, fueron trasladados al de Alcobendas. Ahora reposan allí bajo una lápida que dice
Ya creo que lo he dicho todo / Y que ya todo lo amé.


- Exposición en Madrid comisionada por Porpetta.
- Poeta sobre todo autobiográfica.
- Algo difícil: escribir bien para adultos y niños.